viernes, 16 de agosto de 2013

Estudio detecta una inquietante tendencia a la obesidad de animales domésticos


En un estudio del 2011, un enorme grupo de biólogos, genetistas y especialistas en bioestadística se dedicaron a reunir información sobre el peso promedio de 12 poblaciones animales en ambientes humanos, incluyendo ocho distintas especies. La investigación halló que todas las especies han visto un incremento considerable en su peso al llegar a la edad adulta a través de las generaciones, cubriendo un rango temporal de 1948 a 2006.

En el caso de animales domésticos como perros y gatos, por ejemplo, los investigadores hallaron que las gatas hembra incrementaron su peso a razón de 13.6% por década, y los machos de 5.7%. El incremento también se aprecia en los canes, con un aumento de peso de 3% en hembras y 2.2% para machos, por década. Pero no es suficiente con suponer que quienes tienen mascotas con sobrepeso simplemente los alimentan mal, o en exceso.

El estudio analizó también animales que no son propiamente domésticos, pero que conviven estrechamente con los humanos: las ratas. En su caso, las ratas macho de la ciudad de Baltimore experimentaron un aumento de peso de 5.7% por década de 1948 a 2006, y en el caso de las hembras la tasa fue de 7.22%.

Una de las explicaciones que aportan los investigadores, al menos para el caso de las ratas, es que estas aprovechan los desperdicios humanos, que durante las últimas décadas también han aumentado; pero tal vez eso no sea suficiente para señalar más que una correlación, no una relación de causa-efecto. La solución que hallaron los autores fue analizar el peso de las ratas de laboratorio durante un periodo similar al de las ratas salvajes de Baltimore; en su caso, las hembras también aumentaron de peso a razón de 11.8% por década y los machos 10.5%.

El estudio no aporta más que hipótesis acerca de las causas por las que las poblaciones de primates, roedores, canes, felinos y otros animales viviendo en entornos humanos han aumentado de peso, pero logra demostrar consistentemente que la obesidad no está afectando sólo a los seres humanos, sino que por alguna razón (se especulan virus o factores epigenéticos aún no explicados) los animales, como los humanos, están engordando.


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