jueves, 13 de junio de 2013

¿Te gustan mis Chakras? sobre la sexualización del Yoga



Entre el Om y el glam ha florecido una generación de practicantes que perciben, y proyectan, al yoga como una herramienta de sexy status.

Sugerente flexibilidad, glamour saludable, y erotismo cuasi-místico, son algunos conceptos que actualmente podríamos asociar con el yoga –o al menos hay un mercado que eso procura. 

Hoy en día ser maestro(a) de esta ancestral disciplina, o practicarla habitualmente, equivale a formar parte de la sexy iconografía pop del imaginario colectivo: poseer un cuerpo envidiable, mantener una sofisticada relación con tu salud física y tu alimentación, y estar en sintonía con una exigente moda.

Lo cierto es que la practica del yoga no siempre estuvo respaldada por una millonaria industria de accesorios y aditamentos, ni por un status ligado a la estética física y el coolness sociocultural. Claro está que hay miles de practicantes que mantienen una genuina relación con la esencia del yoga, pero su masiva popularidad detonó una inercia de frivolización, particularmente inclinada al culto del cuerpo según los cánones occidentales y, consecuentemente, a su sexualización. 

Los orígenes y la llegada a Occidente

La primera vez que apareció escrito el término yoga fue en el Katha Upanishad, alrededor del 400 a.C., y se refería más a una especie de tecnología espiritual, ligada al control de los sentidos, que a un sistema filosófico o una práctica física. Poco después el Bhagavad Gita dedicaría un capítulo completo al yoga, el sexto, y eventualmente, entre los siglos I y V, se consolidaría como un sistema filosófico que sería adoptado por diversas tradiciones –entre ellas el budismo, el hinduismo y el sikismo.

En occidente no fue hasta mediados del siglo XIX que el yoga apareció por primera vez, respondiendo al interés de un reducido grupo de intelectuales, y ya en la década de los 60′s, con la ebullición hippie y la popularización de la cultura oriental, el yoga se consolidaría como un instrumento de desarrollo holístico. Vale la pena aclarar que en los años siguientes se mantendría un énfasis en el aspecto espiritual de la práctica, el cual era complementado por la ejercitación del cuerpo físico. 

¿Om o glam?

“A menos que me haya perdido yo un comunicado advirtiéndolo, la espiritualidad no es exclusiva de chicos guapos, caucásicos, con buen cuerpo, que tienen más dinero del que saben como gastar.”

Lo anterior fue escrito por Chris Grosso en una crítica a la sexyficación del yoga, y aunque pueda sonarnos un tanto radical, creo que existen ciertas manifestaciones que podrían justificar su denuncia –por ejemplo, el que exista una línea llamada Urban Zen, de Donna Karan. 

Pero más allá de criticar la moda yoguística, que en lo personal prefiero que el pulso pop se vierta hacia prácticas sanas que hacia otras destructivas, resulta interesante preguntarnos ¿que sucedió en los últimos veinte años con el yoga? ¿qué ocurrió entre esas reuniones de personas ataviadas con atuendos psicodélicos en los 70’s, intentando canalizar una búsqueda espiritual, genuinamente o no, y las nuevas ‘health models’ que aparecen en decenas de sensuales videos promocionales? ¿qué hay entre el Om de Yogui Bhajan y el glam de Miranda Kerr?

El mercado del bienestar

Supongo que buena parte de la respuesta está en el mercado: es mucho más fácil construir una industria rentable en torno al yoga si añadimos el ingrediente sexual que si enfatizamos en el desarrollo del espíritu. Y atrás de esa intención de mercado hay una estructura mediática que fomenta la percepción de esta práctica como una herramienta para acercarnos al sexo estereotipado –si tecleó las palabras sexy yoga en mi buscador, Google me arroja más de 56 millones de resultados.

Vale la pena aclarar que de los ‘hacedores de mercados’ no se podría esperar algo diferente, pero en cambio no deja de llamar la atención que miles de personas se hayan ligado a esta práctica desde esa lamentable perspectiva, y pero aún que generalmente le añadan pinceladas espiritualoides: desde mujeres que hacen yoga con el explícito fin de modelar sus cuerpos al estilo de las chicas ultra-fit que protagonizan los materiales promocionales (o de amigas que obtuvieron increíbles resultados y se los recomendaron), hasta hombres que ven en esta disciplina una vía corta (y quizá, de rebote, saludable), para engrosar su curriculum sexual.

Evidentemente no tengo una respuesta contundente a las interrogante aquí planteadas pero, en cambio, si la curiosidad para invitarte a una reflexión compartida en torno a este fenómeno. Y, en fin, solo me resta preguntarte ¿te parecen sensuales mis chakras? A mi no.

Fuente: Pijamasurf

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